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Rosa Jové: “El apego seguro es una vacuna que protege al niño de muchas enfermedades mentales”

Rosa Jové es una de esas personas a las que las palabras de presentación se le quedan cortas. Rosa Jové es más que una profesional en su ámbito de trabajo y en su especialidad, psicología infantil y juvenil, es una gran apasionada y una enamorada de la vida y del mundo de los niños. Gracias a ella y a las pautas y técnicas sugeridas a través de sus libros muchos niños han dejado de llorar y muchos padres han encontrado el camino de educar con respeto y acompañar a sus hijos en su desarrollo vital.

El principal error es la falta de tiempo. No dedicarles a los hijos el tiempo que éstos necesitan o que reclaman. Muchas veces nos ocupamos de cosas más superfluas y nos olvidamos de que lo que más necesita el niño es nuestro tiempo

Defensora a ultranza de que los niños puedan decir lo que quieran y manifiesten su voluntad y, de un apego seguro, la autora de obras tan reconocidas como Todo es posible (2013), Estado de Shock (2012), Ni rabietas ni conflictos (2011), La crianza feliz (2011) y Dormir sin lágrimas (2006) ha querido compartir su tiempo con PequeMundo para poner luz a algunas cuestiones básicas sobre la crianza respetuosa de nuestros pequeños. Un placer contar con su experiencia y sus conocimientos.

 

¿Cuáles son los principales errores que comenten los padres en la educación de sus hijos?
El principal error es la falta de tiempo. No dedicarles a los hijos el tiempo que éstos necesitan o que reclaman. Muchas veces nos ocupamos de cosas más superfluas y nos olvidamos de que lo que más necesita el niño es nuestro tiempo. Es como el anuncio de estas navidades hecho por Ikea en el que los niños escribían una carta a los Reyes Magos y otra a los padres. Al final elegían quedarse con sus padres. A mí me hizo mucha gracia, porque es lo que realmente necesitan los niños: estar más tiempo con sus padres.

¿Qué importancia tiene una buena gestión de los sentimientos y las emociones por parte de los padres en  los niños?
Una buena gestión de las emociones es un regalo vital para nuestros hijos. Ese es uno de los mejores regalos que les podemos hacer. Porque una persona que sabe gestionar sus sentimientos resolverá su vida de forma más sencilla y hará que se enfrente mejor a las situaciones que tenga que resolver. Saber gestionar las emociones es fundamental; es una cuestión vital.

 

¿Cuál es la clave para un correcto desarrollo emocional de nuestros pequeños?
La clave está en saber que cada niño tiene su tiempo y que hay que saber respetarlo. En este tema conozco dos tipos de padres: están aquellos que no se preocupan absolutamente nada por el desarrollo emocional de sus hijos; y luego hay otros padres que se preocupan en exceso y que hacen cursos relacionados con la gestión de las emociones. Algunos de estos últimos posteriormente se muestran preocupadísimos porque su niño de tres años no es capaz de hacer lo que le han explicado en los cursos que han realizado sobre el tema.

El desarrollo emocional de los niños es una especie de entrenamiento donde los resultados no se verán de un día para otro. Hay que dar el tiempo que sea necesario a cada niño. Yo lo explicaría más bien como una carrera de fondo en la que no todos los niños aprenderán al mismo tiempo, ni a la misma edad, ni del mismo modo. Es importante que un padre entienda esto.

¿Qué influencia tiene la agresividad en el lenguaje empleado de los adultos para dirigirse al niño? ¿Y el tono? ¿Por qué somos más agresivos para decir a un niño que algo no nos gusta o nos molesta que cuando nos dirigimos a un adulto? Hay quienes incluso defienden que un cachete a tiempo evitará muchos conflictos futuros, ¿cuál es su opinión al respecto?
Empecemos por el final. Aquellos padres que piensen que un cachete solucionará posibles conflictos en el futuro son unas personas muy retrógradas. Y si lo hacen, quiero decir, si le dan un cachete a su hijo porque creen que así van a solucionar las malas conductas de su hijo, entonces estarán incumpliendo las leyes. Porque el Código Civil prohíbe de forma expresa cualquier tipo de violencia ejercida contra un  menor. Así que, si defiendes un cachete a tiempo, o un tirón de orejas o cualquier tipo de actuación que engendre algún tipo de violencia, estás defendiendo el incumplimiento de la ley. Nadie tiene derecho a pegar a un niño, ni mucho, ni poco, nada. Y las leyes lo dicen bien claro. No hay lugar ni justificación alguna ante ninguna forma de violencia contra un menor.

Y respecto a la primera parte de la pregunta, nos dirigimos con más agresividad a un niño que a un adulto porque no los valoramos; los consideramos ciudadanos de segunda categoría, y esto deberíamos de hacérnoslo mirar los adultos. Si el tono que muchas veces utilizamos para dirigirnos a los niños lo empleásemos también con los adultos o con los políticos (que seguramente nos hacen y dicen cosas bastante peores de las que nos pueda hacer un niño), acabaríamos con una denuncia.  Pero no lo hacemos, no nos atrevemos a dirigirnos a los adultos en los mismos términos, ni en el mismo tono que muchas veces empleamos con los niños. Es algo sobre lo que deberíamos reflexionar y cambiar. No empleemos con los niños una forma de actuar que no utilizaríamos con un adulto.

Hay una frase que a mí me gusta mucho y dice así: “lo que haces me grita tan fuerte que no puedo escuchar lo que me dices”. Creo que lo dice todo. Al niño se le educa con el ejemplo. Aportando un dato más respecto al tono de voz empleado, decirte que hay un estudio de la Caixa, el cual aparece publicado en mi libro y que guarda relación con las rabietas y los conflictos. Dicho estudio indica que los niños en cuyos hogares se utiliza un tono de voz más elevado obtienen peores resultados académicos.

Castigos vs consecuencias naturales, ¿cuáles son las claves para evitar los castigos?
Éste es un tema un pelín complejo porque estoy al lado de las consecuencias naturales. Pero con el concepto bien entendido, quiero decir, las consecuencias naturales no deben de camuflarse bajo un castigo encubierto. Y me explico, están los pequeños que han estado jugando en su cuarto y a quienes los padres les ordenan como consecuencia natural que lo ordenen, porque esa es la consecuencia natural de haberlo desordenado. Si se le explica y el niño accede, perfecto. Ha desordenado y ahora toca ordenar. Aunque nos guste un poco menos es la consecuencia natural. Otra cosa es que el niño no quiera recoger y sea demasiado pequeño para hacerle razonar. Aún así los padres insisten en que el niño recoja su cuarto porque es lo que le toca y hasta que no acabe no hará ninguna otra cosa. El niño que no quiere ordenar monta un pollo de aupa y los padres erre que erre porque es una consecuencia natural. Hombre, pues sí, es cierto que es la consecuencia natural. Pero en este caso, y más cuando el niño es pequeño, igual no se está empleando de forma adecuada. Y más si la consecuencia natural está generando otro conflicto y un malestar aún mayor que el que tenían al principio.

¿Cómo desmontamos la famosa teoría del rincón o la sillita de pensar?
Voy a ponerte un ejemplo que está en mi libro de La crianza feliz y que es una anécdota de una amiga mía. Resulta que mi amiga llevó a su hijo de cuatro años al colegio y a la hora del patio el niño estuvo jugando con los de cinco a saltar charcos. Cuando suena la campana para entrar en clase se dan cuenta de que están todos sucios y se van al baño a limpiarse. Con lo cual imagínate lo que pueden hacer un niño de cuatro años con otros de cinco. No solo no se limpian sino que dejan el lavabo hecho unos zorros.
Cuando el niño de cuatro años entra en clase la señorita le dice: “¡cómo vienes!, ¡ponte un ratito en la sillita de pensar!”. Y entonces el niño va y se pone en la sillita de pensar. Ya por la tarde, cuando su madre va a recogerlo, la señorita le dice: “tu hijo va sucio porque ha estado saltando en los charcos de barro. Pero no te preocupes porque lo he puesto en la sillita de pensar”.
Cuando van para casa la madre le dice a su hijo: “me ha dicho la señorita que te ha tenido que poner en la sillita de pensar”. Y entonces el niño le dice: “sí, mamá”. “Y tú qué has pensado corazón”, responde la madre. “Que nunca jugaré con niños más mayores que yo”, apunta el niño.

Lo que quiero expresar con este ejemplo es que para el niño de cuatro años jugar a saltar un charco no podía estar mal. Limpiarse si estaba sucio, tampoco. ¿Qué es entonces lo que pensaba que podía estar mal de todo aquello? Pues que había hecho una cosa que nunca hacía: jugar con niños mayores. Por lo tanto, las sillitas de pensar no sirven si no van a pares, es decir: una para el niño que piensa y otra para el adulto que está con él. Porque vete a saber que lo que pasa en una mente infantil. Y esto sólo funciona cuando el niño es capaz de razonar. Antes es absurdo. A nadie se le ocurre tratar de enseñarle a  un bebé a leer o a escribir porque su cerebro no está preparado. Eso mismo ocurre cuando pretendemos que un niño razone sobre una determinada conducta.

Posteriormente, una vez que los niños tienen la capacidad de hablar, la clave está en dejarles que ellos se comuniquen. También es importante preguntarles por qué quieren hacerlo de una determinada manera y no como nosotros les decimos que lo hagan, porque tal vez detrás de querer hacerlo de un modo distinto se esconda una explicación lógica que a los adultos se nos escapa. Para ellos es importante que los respetemos, incluso después de habernos dado su explicación y aunque estemos o no de acuerdo con ello. Yo creo que si respetáramos más sus voluntades evitaríamos muchos conflictos.
Muchas veces los niños nos dan magníficas ideas. Por tanto, si les dejamos hablar encontraremos resultados más interesantes que cuando tratamos de imponerles algo que nosotros pensamos.

¿A partir de qué  momento el niño entiende lo que lo que sus padres pretenden que él haga es por su bien?
Antes de los cuatro años es muy difícil que lo entiendan. Y a partir de esta edad puede que lo lleguen a entender si alguien se molesta en explicárselo.


El niño tiene derecho a decir no y los mayores debemos respetar su voluntad ¿Por qué nos cuesta tanto tomar en serio sus voluntades? ¿Debemos poner límites al niño cuando quiere hacer lo contrario a lo que el adulto le pide que haga?
Yo creo que soy de las primeras personas que de forma manifiesta defiende que el niño pueda decir lo que quiera y que manifieste su voluntad. Pero siempre digo que hay dos

Salvedades; dos topes: el primer tope será si atenta contra la integridad física de otro ser humano. Ahí es NO y no te voy a escuchar. Me da igual lo que digas, porque lo primero es preservar la vida humana. No  hay posibilidad de negociación alguna. No te vas a tirar por el balcón, ni vas a beber lejía, ni vas a matar a tu hermana, NO. Y no hay nada más que hablar. Y, el segundo tope es si atenta contra la legalidad vigente. El niño no puede ir sin atar en el coche con el cinturón porque es ilegal. Y, aunque te moleste, tampoco en este caso hay posibilidad de negociar. Hay que llevarlo y ya está. No hay más negociación.

Hay que escuchar al niño siempre y cuando no corra peligro ningún ser humano de este mundo, ni siquiera él. El niño tiene derecho a opinar desde cualquier edad y en cualquier momento, pero cuando se dan las dos circunstancias anteriores, ahí es un NO rotundo.

 

¿Qué importancia tiene proporcionar al niño un apego seguro en la primera infancia?
Eso no tiene precio. Un niño con un apego seguro, es un niño que está a salvo. Es como una vacuna que le protege de muchas enfermedades mentales. Las vacunas nos pueden proteger de muchas cosas físicas, pero, en este caso, el apego seguro es como una gran vacuna que nos protege de muchas enfermedades  mentales. Muchas neuras de adultos tienen su origen en un apego mal construido. Y si la gente supiera lo importante que es para un niño trabajar el apego, bromearíamos mucho menos con este tema.

Vivimos tiempos de prisas, de conocimientos, tiempos de redes y de comunicación donde pretendemos que nuestros hijos sean los número uno en todo y para conseguirlo desde que tienen un añito comenzamos a llevarlos a clases de inglés, a natación, música, psicomotrocidad, etc. ¿Es lo que toca o nos estamos volviendo locos?
Bueno depende. Hay niños a los que les encanta hacer actividades extraescolares y que no harían una, sino cincuenta. Pues bien, en estos casos apúntales a todas las actividades que quieran o que sus padres puedan costearse. En estos casos todo dependerá del dinero y del bolsillo de los padres.

Yo no digo que las actividades extraescolares sean malas. A veces las cosas se tergiversan o no se entienden bien. Las actividades extraescolares son buenas siempre y cuando el niño el niño las quiera practicar. Yo trabajo con niños de altas capacidades y superdotados que se  apuntarían a todo. Les encantan las actividades extraescolares y el no hacerlo supone un mal para ellos, porque viven de ese alimento, es decir: de investigar, de descubrir...Pues a esos niños que quieren, que les gustan, que las disfrutan apuntadles a todas las actividades extraescolares que se puedan.

Ahora bien, a la mayoría de los niños que van a actividades extraescolares ni les gustan ni las han elegido ellos. Con lo cual acuden a esa actividad porque sus padres creen que resulta beneficioso para ellos, aunque a éstos les desagrade.

Hay una especie de leyenda urbana respecto a este tema de que si los niños no empiezan desde pequeños a hacer una determinada cosa no la aprenderán bien. Y eso es mentira. De hecho, y por poner un ejemplo, a la mayoría de la gente de mi época no nos enseñaron informática porque los primeros ordenadores aparecieron cuando yo tenía casi 30 años.

Que hay más facilidad  en aprender algo cuando se hace desde pequeño, eso es verdad, pero hay otra cosa que la gente pasa por alto y es que aquello que odias de pequeño, de mayor no lo haces nunca. Con lo cual hay gente que de adultos odian la música o el inglés porque lo han tenido que aprender desde pequeños. No hay que obsesionarse con las actividades extraescolares.

¿Estamos robándoles su identidad?
Cuando hay muchas actividades, seguro. La infancia es sobre todo para jugar. Pero insisto, eso depende mucho de los niños. Si a uno le encanta hacer actividades extraescolares y sus padres las pueden costear, que las hagan. No son las actividades extraescolares en sí lo perjudicial, sino obligar a un niño que las haga más allá de lo que él quiere o ‘jorobándole’ su tiempo de ocio.

En otros tiempos los niños no iban a las guardes, se quedaban en casa con la mamá y si ésta trabajaba la abuela o la tía o incluso una vecina con la que tuvieran mucha confianza era la cuidadora hasta que la mamá llegaba. Hoy las guarderías empiezan cuando los niños son aún muy pequeños ¿es necesaria la sociabilidad de un niño con dos, tres años?
El niño como en casa no está en ninguna parte. Lo de la socialización es una tontería a esa edad porque los niños hasta los cuatro años no juega con, sino al lado de. Quiero decir, tú coges a un montón de niños con dos años, los metes en un arenal, coges cubos y palas y cada uno hace lo suyo. Como mucho uno le quita la pala al que tiene al lado. Pero no pueden hacer un castillo los dos juntos. No hay ningún juego en el patio en el que los dos jueguen juntos. Lo que si hacen es que si  uno salta piedras y al otro le gusta  la idea también, se pondrá a saltar piedras. Juegan al lado del otro pero no interaccionan, no entienden las reglas de un juego porque aún son muy pequeños. Así que la socialización la hacen con los adultos. Los niños aprenden a ser sociales viendo las reacciones que tienen sus padres, como saludan sus padres, como hablan sus padres con los demás. Esa es la verdadera socialización.

Puedes ver la segunda parte de la entrevista pulsando aquí

Rosa Jové: "Las sillitas de pensar sólo funcionan en la tele"

 

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www.lomaslindo.es
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Comentarios

  • Me encanta el articulo y me encanta Rosa Jové. Pero no estoy de acuerdo en el ultimo punto...soy educadora infantil...y los niños juegan paralelamente al año y medio, pero con dos años,dos años y poco ya interactuan entre ellos no solo con el adulto...esto es como todo cada niño es un mundo, unos si y otros no Un saludo

  • Totalmente de acuerdo contigo Sandra. Yo soy psicologa y trabajo con niños, me encanta el artículo pero el último punto no lo comparto en absoluto. Solo hay q verlos interaccionar con otros niños para ver como disfrutan y todas las ventajas q tiene esta "socializacion temprana" y me refiero concretamente a los 2 años,de hecho la mayoria lo reclama.

  • Estoy de acuerdo en varias cosas, en otras no tanto. En el caso del aprendizaje de segundas lenguas, no es cierto que sea igual de productivo aprenderlas con 0-7 años que de ahí en adelante. De los 7-10 años en adelante, sólo queda la opción de estudiar de memoria y echando horas al idioma. Trabajo con niños muy pequeños, mayores, adolescentes y adultos. Soy profesora titulada en enseñanza de español e inglés, y los lingüistas y neurólogos especialistas en adquisición del lenguaje e idiomas, nos aconsejan incidir en la franja de edad entre 0 y 7 años para que un niño adquiera los idiomas a los que esté expuesto de manera natural. Llevo casi 14 años de profesión y es asombroso cómo utilizan los más peques, de manera natural, los idiomas no nativos a través de juegos, interacción social y visionado de sus dibus favoritos en el idioma que les enseñamos. Con respecto al apego, conozco casos en los que ese apego ha creado, a la larga, niños y adolescentes dependientes, inseguros y soberbios. Está claro que hay edades determinadas en la que los niños no comprenden nuestro mundo de autoabastecimiento, premios, consecuencias y responsabilidades; pero poco a poco hay que ir sustituyendo el apego de bebé (0-2 años) por la colaboración y ayuda para que sean autónomos y seguros.

  • Es un placer leer a Rosa Jove, totalmente de acuerdo en casi todos los puntos excepto en el ultimo. Yo soy maestra de infantil y trabajo en una "escola bressol" municipal ( aprovecho para recordar que no guardamos niñ@s, compartimos una etapa de crecimiento maravillosa com los pequeñ@s y sus familias, no me parece apropiado llamarlo guarderias) y tanto en el aula como en el patio son muchos los momentos en que disfruto observando el juego entre ell@s..ya sea en la cocinita, en la peluqueria o explicandose un cuento...

  • Pues yo si estoy muy de acuerdo con el último punto, tengo un hijo con dos años y tres meses, con 22 meses empezó a ir al "cole", estuve casi un mes quedandome con el porque no le gustaba y ví exactamente lo que describe Rosa, los 12 peques jugaban cada uno a lo suyo, y si que interactuaban, pero sólo para quitarse cosas, y lo que veo en el parque con otros niños también coincide.

  • Me encanto el articulo y apoyo también el ultimo punto, que mas socilizacion necesitan los infantes que las de su núcleo familiar para ser personas seguras, para demostrar las consecuencias ya sean negativas o positivas de la socilizacion temprana (si es que se puede llamar así) veo que se necesitarían estudios longitudinales entre niños que fueron separado entre los 2 años y aquellos que fueron separados hasta los 5 años,en mi caso preferí esperar hasta los 5 años de mi hijo para que asistiera a kinder, basada en los estudios de Piaget sobre el desarrollo y juego de los infantes, creo que se ha vendido muy bien el cuento de que entre mas temprano ingresen a la escuela mas herrramientas tendrán en su vida futura pero es algo muy cuestionable aun..

  • Estoy de acuerdo. ya que para que un niño(a) sea independiente debe pasar por un periodo de dependebcia.

  • Excelente, excelente, estoy fascinada con las palabras de Rosa Jové, apenas la leo, es primera vez que la leo, y me encantó, me identifico mucho con sus creencias, así, que de aqui en adelante, la seguiré con sus valiosísimos escritos. Muchas gracias.

  • Exclent que importante es prepararse para saber educar a los babys Que interesante, voy a ser abuela y me gustaría prepararme para no mal educar a Constanza

  • Estoy de acuerdo con este artículo muy interesante ya que para que un niño(a) sea independiente debe pasar por un periodo de dependencia

  • Este artículo es para las madres y padres que tienen tiempo y dinero para estar con sus hijos. Una familia que tiene 4 hijos y los dos trabajan, ganan el sueldo mínimo, no tienen resueltas sus deudas ni sus conflictos personales, vive la suegra y un hermanos menor con ellos. donde la comida es el único sostén que los puede unir o no, porque eso es lo que necesitan, alimentarse. No les queda tiempo para pensar siquiera en qué necesita o no el bebé. Familias enteras, familias enormes, multiplicadas por todas las familias que viven en la pobreza dentro de los países. El tiempo que tienen seguramente lo dedicarán a dormir para levantarse al otro día y salir corriendo a dejar al colegio a los niños, que están en un colegio fiscal, terminando apenas el 8vo básico. Para luego ir a su trabajo. Eso por un lado. Y muchas jovencitas de 15 o 17 años, a veces menos, que se embarazan y no tienen idea lo que es criar, por

  • La verdad me parece que son muy lindas teorias. Me gustaría primero que todo que me eexplique dónde estudio derecho usted para saber cuál es el límite de corrección establecido en la.ley para que un padre pueda ejercer su Deber-derecho a educar y corregir a sus hijos y también me gustaría saber si usted tiene hijos como para si quiera pensar en considerar sus estudios y opiniones. ¿Primero alaba sus ideas y nos invita a escucharlos y luego nos indica que pueden tener conclusiones que se escapan de toda lógica? !!! Confunde el respeto que se le debe tener a cada individuo con la valoración de su capacidad.

  • Muy interesante el artículo, me gusta mucho Rosa Jove, yo lei "dormir sin lágrimas" hermoso libro y muy recomendable.

  • ojo con la sobreprotección de los hijos.. Puede traer consecuencias negativas el día de mañana en su seguridad etc.. Amo a mi hijo y le dedico bastante tiempo me interesa forjar su carácter y su desarrollo psicológico..





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