Carlos González: “El mayor regalo que un padre puede hacer a sus hijos es a sí mismos”

Carlos González es uno de los pediatras más populares en el mundo de la crianza. Sus libros: Mi niño no me come; Bésame mucho; Manual práctico para la lactancia materna; Un regalo para toda la vida, guía de la lactancia materna; Comer, amar, mamar; Entre tu pediatra y tú; En defensa de las vacunas o, Creciendo juntos, son referencia para muchas familias y sirven de apoyo para muchos padres que se entregan a la crianza de sus hijos. Habla claro y pone voz al sentido común en la crianza de los más pequeños de la casa. Con él hemos charlado sobre cuestiones básicas de los protagonistas de nuestras vidas: los más diminutos de tamaño pero los más grandes de espíritu y corazón.

Si atendemos los reclamos de nuestros hijos no sólo estaremos proporcionándoles una protección adecuada y necesaria sino que, además, estaremos fortaleciendo el vínculo entre padres e hijos

Carlos González lo tiene claro: “El mejor regalo que unos padres pueden hacer a sus hijos es a sí mismos: su presencia, su tiempo, su atención, su paciencia, su cariño”. O lo que es lo mismo, hacer de la comunicación una herramienta principal para convivir y educar así como para crecer junto a ellos. La comunicación será la herramienta clave para resolver las rabietas de los niños y los conflictos cuando son adolescentes.

La comunicación es la mejor vía para encontrar la mejor solución. No siempre será una comunicación fácil ni fluida. El comienzo probablemente sea el más dificultoso. Los bebés no utilizan el lenguaje verbal para comunicarse. Menudo susto nos llevaríamos si un bebé nos mirara a los ojos y nos dijera: “mamá tengo hambre” o “me duele la barriga” o “necesito un abrazo”.

El  llanto de los bebés en una de las múltiples formas que éstos tienen de comunicarse con los adultos y su entorno. Y éste suele ser también una de las  mayores preocupaciones entre los padres primerizos: saber qué le quiere decir su hijo cuando llora.

Tipos de llanto
Hay distintos tipos de llanto, como así reconoce el pediatra Carlos González. Sin embargo es difícil saber interpretarlos de forma correcta a la primera. “Dicen que existen distintos tipos de llanto, pero yo nunca fui capaz de distinguirlos. Así que iba probando. ¿Querrá teta, querrá brazos, querrá dormir, querrá jugar…?”, explica el Dr. González. Y lo importante es tratar de atender lo mejor que se pueda a estos reclamos porque, como afirma el pediatra catalán, pese a que atendamos siempre lo mejor que sepamos, habrá ocasiones en las que no sabremos consolarles. Y la consecuencia inmediata de no atender el llanto es que el niño seguirá llorando.

A medio plazo, si repetidamente no se atiende el llanto, el niño comprenderá que llorar es inútil, por lo que dejará de reclamar la atención de sus padres. En definitiva: perderá la fe. Es común escuchar la frase de “estás malcriando al niño” o “lo estás acostumbrando a los brazos y verás luego cuando quieras sentarlo en el carrito” o “déjalo que llore, no p asa nada así hace pulmones”, sin embargo ni una sola de estas frases tiene mucho sentido.

Resulta que cuando atiendes la llamada de tu hijo tomándolo en brazos porque está llorando no es malcriar sino acudir a su llamada. Es darle calor, seguridad y protección. De hecho, los brazos en ocasiones sirven incluso de  medicina.

El doctor Carlos González dice que “el tratamiento más eficaz del cólico es hacer caso del niño (cogiéndolo en brazos cuando el niño quiere brazos, o haciendo otra cosa cuando el niño quiere otra cosa)”. Y es que, según explica el doctor, “un bebé puede llorar de frío, de calor, de hambre, de indigestión, de enfermedad, de aburrimiento, de sueño, de frustración…”.

Sería más adecuado utilizar esa expresión cuando no se atiende bien al bebé. Puede que parte del debate que se ha generado al respecto sobre este tema guarde relación con la confusión que hay respecto a los términos protección y sobreprotección.

El Dr. González lo explica así: “La protección a un niño debe ser absoluta. No podemos dejar que beba un poco de lejía, ni que salte un poco por el balcón, ni que cruce solo la carretera. Tenemos que enseñarle a lavarse los dientes para protegerle de la caries, tenemos que atarle en la sillita de seguridad… Lo que a veces se llama “sobreprotección”, en realidad, como indicaba Bowlby, no es “más protección” (algo imposible, pues todos los padres ya protegemos a nuestros hijos al máximo). Con esa palabra nos referimos a veces a la conducta que emplean algunos padres que, en vez de respetar las iniciativas y necesidades de su hijo, le imponen sus propios deseos. Por ejemplo, obligan a un bebé a quedarse quieto cuando lo que éste quiere es gatear o jugar…”.

De esta manera, si atendemos los reclamos de nuestros hijos no sólo estaremos proporcionándoles una protección adecuada y necesaria sino que, además, estaremos fortaleciendo el vínculo entre padres e  hijos, reforzando con ello el apego seguro de éstos, con las consiguientes consecuencias positivas que ello conllevará en su desarrollo.

Colegio
Con el paso del tiempo la mayoría de los padres delegamos la educación de nuestros hijos en otras personas al enviarlos al colegio. Ésta es una etapa inevitable y de curso normal y por la que la mayoría de las familias tiene que pasar. Sin embargo no es una decisión que debamos tomar a la ligera. Las circunstancias de cada familia determinará a qué edad o en qué momento debe comenzar el  niño esa etapa de aprendizaje fuera de casa pero tengamos en cuenta que, como observa el doctor González “cuando se separa a los niños de sus padres demasiado pronto, o durante demasiadas horas al día, o cuando la persona que les cuida no los trata adecuadamente, los niños lo pasan mal”.

Por lo tanto, es conveniente reflexionar antes de tomar esta decisión. Priorizar y jerarquizar necesidades económicas, de la familia y del niño. Tengamos esto claro porque el amor y la afectividad que no se da en un momento dado no se podrá volver a dar. “No creo en los milagros. Los padres no tienen el don de la bilocación. Cuando no están con su hijo, no están. Y punto.

Y el tiempo que están con su hijo, que en unos casos es mucho y en otros es poco, unos padres lo dedican a atender a su hijo, a hablar o jugar o contar cuentos o pasear juntos, otros lo dedican a reñir, castigar, insultar o ridiculizar al niño, y otros lo dedican a decirle al niño que no haga ruido porque están viendo la tele.”, explica González. Si queremos saber qué es lo que nuestros hijos demandan de nosotros sólo tenemos que hacer una cosa: dedicar  tiempo a hablar con ellos. ¿Simple, verdad?

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