Los bebés no entienden de políticas de igualdad, entienden de biología

Desde los 18 años he ejercido puntualmente dos obligaciones morales: la de donar sangre y la de votar, profundamente convencida de la responsabilidad heredada (sobre todo en el segundo caso) por ser mujer y poder hacer uso de este derecho. Ahora bien, hoy tengo 30 años y estoy embarazada por primera vez, lo que hace que estas elecciones me esté empapando de los programas y las propuestas en materia de educación y conciliación familiar de todos los partidos.

Ahora leo a muchos partidos decir que no les gusta la palabra “conciliación” y que hay que empezar a hablar de “corresponsabilidad”. Señores, dejemos a un lado las discusiones etimológicas y centrémonos en lo que importa: los pequeños ciudadanos y su bienestar.

Desde el ocho de agosto, día en que descubrimos que íbamos a ser padres, mi pareja y yo nos hemos implicado profundamente en la materia: hemos leído, hemos ido a conferencias y talleres y a los dos nos asombra el desconocimiento y los mitos que existen respecto al embarazo y la crianza. Y cada vez me veo más cerca de convertirme en una activista radical contra la violencia obstétrica y la usurpación de derechos que sufrimos los padres.

Voy a esforzarme por no poner siglas y hablar simplemente de ideas, porque lo que me gustaría es provocar una reflexión, no cambiar el voto de nadie.

Bien, todos hemos oído hablar de esas excedencias fabulosas y bajas por maternidad ideales de los países nórdicos y, personalmente, creo que quedan tan lejos de la miseria que ostentamos en España que puede resultar demasiado abstracto hablar de ello, y por eso intentaré ceñirme a nuestra situación actual.

Y qué mejor que partir del momento en que sabes que estás embarazada. Has pasado tu vida estudiando, eres una mujer independiente, educada, con iniciativa y un futuro laboral prometedor… hasta que se te ocurre tener hijos, porque nunca es el momento adecuado. No sé a cuántas amigas he escuchado decir eso de “no está la vida para tener hijos” o, como me pasó a mí: el día que supimos que por fin podríamos ser padres empezamos a prepararnos para que no renovaran mi contrato, porque sabíamos que eso no iba a pasar.

Y cuando ya tienes a tu bebé, hay que correr, porque tenemos 16 escasas semanas de baja por maternidad. Los padres, 15 días. A no ser que, como nosotros, tengáis un negocio propio y entonces vuestro sueño será que el bebé nazca en fin de semana para poder disfrutarlo juntos esos dos escasos días, porque no podéis permitiros más.

Y ya veremos cómo va la cosa con respecto a mí. Eso sí, una maravilla de tener nuestro negocio es que nosotros, aunque no existan iniciativas estatales, sí nos comprometemos a llevar a cabo una conciliación real, a no tener que separarnos de nuestro hijo y adecuar las instalaciones y los servicios que ofrecemos a las necesidades del bebé y de su madre (yo).

Ahora leo a muchos partidos decir que no les gusta la palabra “conciliación” y que hay que empezar a hablar de “corresponsabilidad”. Señores, dejemos a un lado las discusiones etimológicas y centrémonos en lo que importa: los pequeños ciudadanos y su bienestar. Lo sentimos, pero los bebés no entienden de políticas de igualdad, entienden de biología. Y eso es algo que no está presente en ningún programa electoral. Nadie habla de elevar el número de semanas que se pueden disfrutar, sino que lo más revolucionario parece ser la opción de compartir o dividir estas 16 semanas entre los padres.

A este respecto, existe una amplia bibliografía sobre la necesidad que tiene el recién nacido de estar con su madre, y cómo el vínculo con el padre aparece más tarde. No quiero convertir esto en un gazpacho de ideas sobre la maternidad, ni dar cabida a lugares comunes, pero sí: el recién nacido necesita a su madre, necesita establecer un vínculo de apego seguro y, durante mucho tiempo, todo se va a dividir en dos cosas: su madre y lo que no es su madre.

Para garantizar el bienestar de nuestros hijos, los partidos se comprometen a crear más guarderías. Y ahora vienen mis grandes dudas, y todas tienen una base biológica.

  1. La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida, y un destete progresivo hasta los dos años.

¿Cómo vamos a hacer esto, si a los cuatro meses ya estamos de vuelta en el trabajo, y sin rechistar por los horarios?

  1. Los bebés de cuatro meses apenas pueden darse la vuelta solitos, no hablemos ya de sentarse.

¿Qué hacemos con ellos en las guarderías, desbordadas y sin capacidad para atender a los bebés de la manera adecuada?

  1. He estado viendo lo que cuestan las guarderías y, sencillamente, no me resultaría rentable volver a trabajar.

Todo ello lleva a otro planteamiento, que es ¿por qué los partidos proponen medidas para subvencionar la crianza de los niños en guarderías y no permite y subvenciona a las madres y padres que lo deseen hacerlo ellos mismos? Y, segunda pregunta: ¿De verdad es tan necesario que trabajemos tanto, que tengamos dos sueldos y sacrifiquemos el tiempo de criar a nuestros hijos?

Defiendo profundamente el derecho de las mujeres a permanecer en el mundo laboral, que se ofrezcan recursos a éstas para ser madres sin perjudicar sus carreras y que puedan reincorporarse tan pronto como ellas desean. Pero no entiendo la incomprensión que existe hacia aquellas que eligen llevar a cabo un nuevo proyecto: la crianza con apego.

Y no entiendo que estas familias sean invisibles, no tengan opciones reales. No entiendo que si decides emplear un año entero en criar a tu hijo, luego ya parezca que nos quedaremos fuera para siempre del circuito laboral, estigmatizadas de por vida. No entiendo que consideremos normal renunciar a los instintos, a la biología, a lo normal, y escoger siempre la productividad, el progreso económico.

Somos una generación de niños con padres que trabajaban todo el día, de niños criados por sus abuelos (en el mejor de los casos) o por desconocidos, que teníamos siempre los regalos que deseábamos (para ello trabajaban tanto nuestros padres, para que no nos faltara nada). También somos una generación de profundas carencias emocionales, de treintañeros inseguros y con miedo al fracaso (¿tendrá algo que ver?).

La mayoría de nosotros recuerda a sus padres trabajando y no poder molestar mientras estaban ocupados. Yo no quiero eso. No quiero que mis hijos recuerden que nunca tenía tiempo para ellos, que llegaba cansada a casa y sin ganas de leerles cuentos, pero que tenían juguetes interactivos que hacían ese trabajo. No quiero que los vean crecer en la guardería y mirar las fotos un día y no reconocerlos de tanto como han crecido, y yo sin enterarme.

Esto no va a cambiar de un día para otro, ni en unas elecciones; pero me encantaría dejar de ver resignación en los padres, dejar de considerar normal e inamovible estas situaciones y que, igual que nos molestan tantas cosas y las reivindicamos, hagamos ruido a este respecto y exijamos el derecho que tenemos como padres, que no renunciemos a nuestra familia.

Cuatro meses de baja es una miseria en calidad humana para nuestro futuro y el de nuestros hijos, no estamos diciendo ninguna barbaridad si exigimos incentivos para las PYMES que integren la crianza, de la forma que sea. Si tengo que escribir una carta a los Reyes Magos, les voy a pedir eso: poder disfrutar de la crianza de mis hijos y, si pudiera ser, que su padre también recibiera el mismo regalo.

Artículo escrito por Carmen Sánchez Vasco


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