Rosa Jové: “Los besos y abrazos son los ladrillos para la correcta personalidad del niño”

Rosa Jové no se cansa de proclamar y difundir, cada vez que tiene oportunidad, la defensa de los Derechos del Niño, la búsqueda del equilibrio en la crianza y la entrega de amor y protección a nuestros hijos para formar una correcta personalidad. Con una sencillez y accesibilidad inaudita en alguien de su posición y una lógica aplastante, Rosa Jové vuelve a regalarnos parte de su ocupado tiempo para compartir con todos nosotros las claves de una crianza respetuosa, la importancia de una atenta escucha a sus propuestas, consejos para ayudarles en la búsqueda de la felicidad y otras muchas cuestiones más en esta entrevista que ha concedido a PequeMundo.

La escucha tiene mucha importancia porque es la base de su autoestima y seguridad

¿Cuál es la esencia de la crianza?
Yo definiría la crianza como llevar a buen puerto a nuestros hijos pero no sólo a nivel físico (darles comida, higiene, ropa, etc.), sino también a nivel psicológico. Esto es, mirar que tengan una autoestima elevada, que sean felices y todas esas cosas que son muy importantes para el desarrollo de cualquier persona. Para mí, esa es la base y la esencia de una buena crianza.

¿Qué necesita un niño para ser feliz?
Diez cosas: amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor y la última, que intentemos eliminar el miedo de sus vidas.

El miedo es de las cosas que más traumatiza en este mundo. El pasar miedo, miedo a morirte, a pasar una enfermedad, a que se mueran tus padres… Por lo tanto, para que una persona sea feliz tiene que recibir mucho amor y sobre todo estar tranquila y no tener miedo en su vida.

Una de las maneras de definir la felicidad es la ausencia de miedo. Así la definió Eduard Punset. Cuando tú no tienes miedo eres feliz. Y si no tienes miedo y al lado tienes amor, amor, amor, amor y más amor pues es mucho mejor.

Así que, lo único que un niño, como cualquier ser humano, necesita para ser feliz es amor y no tener miedo.

Rosa Jove1

¿Qué aportan los niños felices a la sociedad?
Los niños aportan muchísimas cosas. La primera y quizás la que contestaría todo el mundo es alegría. En un pueblo donde hay niños hay alegría y ésta la aportan los niños a la sociedad o donde quiera que vayan.

Aportan también ideas nuevas. Los niños son una fuente inagotable de sugerencias, de ideas, de formas diferentes de hacer las cosas, son inspiradores de poder hacer las cosas incluso del revés, de crear, de imaginar… y luego sucede que a veces esos niños cuando son mayores consiguen hacer realidad esas ideas nuevas a las que jugaron de pequeños. Recordemos que nuestros ordenadores salieron de unos chicos que jugaban en un garaje y uno se llamaba Steve Jobs y el otro Bill Gates.

Otra cosa importantísima que aportan los niños y que los adultos no valoramos lo suficiente es la gran virtud que tienen de saber perdonar. Un niño se enfada con su padre y cuando le perdona, le perdona de verdad. Ese niño jamás volverá a echarle a su padre en cara nada de esa discusión o enfado. En cambio un adulto se enfada con su hijo y lo retraemos mil veces. Los adultos decimos que perdonamos pero en realidad no perdonamos, porque lo volvemos a recordar a posteriori. Cuando un adulto se enfada aunque haga las paces si en otra ocasión vuelves a tener una discusión sale de nuevo esa discusión antigua. Los niños no. Ellos no te lo recuerdan nunca.

¿Cuál es la diferencia entre un niño feliz y seguro y un niño con poco contacto físico, poco escuchado e inseguro para su futuro como persona adulta?

Te voy a responder esta pregunta con un experimento que hizo Harlow hace muchísimos años y que viene perfecto para contestar a esta cuestión.

Harlow cogió a unos monos y los metió en unas jaulas con un dispensador de leche a un lado y un mono de peluche que se parecía mucho a su mamá de verdad al otro lado. Pensó que si ponía a un lado el dispensador de leche y al otro el peluche el mono se iba a pasar todo el rato pegado al dispensador de leche porque un peluche no le puede aportar nada y se dio cuenta de que no fue así.

Observó que esos monitos se pasaban el día abrazados a esa mamá de peluche que les recordaba a la suya, que les daba calor y que tenía pelito. Y, solamente cuando tenían mucha hambre, para sobrevivir, se estiraban sin dejar de tocar el peluche para tomar leche y se volvían. Harlow volvió a repetir el experimento sin el peluche y se dio cuenta de que estos monos se hacían grandes porque se alimentaban pero nunca pudieron ser reintegrados a la camada porque eran agresivos contra los otros y contra ellos mismos.

En todos los estudios que hizo Harlow a lo largo de su vida concluyó que lo que nos hace psicológicamente sanos y aptos para vivir en sociedad es la cantidad de contacto y de cariño que recibimos cuando somos pequeños.

Uno de los estudios que hizo Harlow.
Uno de los estudios que hizo Harlow.


Esto que hizo Harlow en los años 50, actualmente las neurociencias lo han venido a corroborar y se ha comprobado que niños que reciben más contacto físico y más amor desde que nacen tienen más conexiones neuronales que los que no lo reciben, y por lo tanto, aquellos que no lo reciben siempre van a tener carencias. ¿Cuáles? En cada niño será diferente. Pero sí que es cierto que todos las tienen. La mayoría, evidentemente, a nivel psicológico: baja autoestima, inseguridad, etcétera, pero se ha comprobado que también las tendrá a nivel físico. Hay niños que presentan pequeños retrasos a nivel madurativo, que aprenden a hablar más tarde o que aprenden a andar más tarde, que aprenden más tarde las tablas de multiplicar… y en ocasiones estos retrasos están conectados con que el niño haya recibido menos cariño y menos contacto físico.


¿Qué importancia tienen los besos, los abrazos, las caricias… en los niños?
Los besos, los abrazos, las caricias, los mimos… son los ladrillos con los que se construye la correcta personalidad del niño. Sin eso no hay una correcta personalidad.

 ¿Cómo podemos los adultos ayudar a los niños a encontrar su felicidad?
Primero la hemos de dar nosotros. Un niño pequeño no puede buscar la felicidad por sí mismo. A un niño de 5 meses no le puedes ayudar a encontrar la felicidad.

Yo creo que el camino para ayudar a los pequeños a encontrar la felicidad estaría compuesto de varios pasos y el primero de ellos es proporcionársela nosotros a través de besos, abrazos, mimos, caricias…

El niño debe sentir la felicidad, saber lo que es esa sensación.

Una persona que nunca ha sentido felicidad no la podrá encontrar porque no sabe lo que busca. Así que primero tienes que ser feliz y los padres tenemos que hacerles feliz. Los padres debemos ayudar al niño a sentir la felicidad con cosas que le hagan estar feliz y que el niño reconozca que esa sensación le gusta y la otra no. Una vez que el niño ya sabe lo que es ser feliz, le podemos ayudar a buscar cosas en su recuerdo que le hagan sentir de nuevo esa felicidad.

¿Cómo? Cuando veamos que el peque está poco mustio le podemos hablar y evocar recuerdos y acciones que le hacían sentir esa sensación agradable: -¿te acuerdas…? -¿quieres que hagamos…? -¿te apetece…? Pero un niño que no sabe que ir al cine no sabe si le produce felicidad si tú le dices – ¿quieres que vayamos al cine? Te mira sin saber si quiere ir o no al cine porque no sabe lo que le va a proporcionar. En cambio si el niño reconoce la acción de ir al cine como algo que le gusta mucho y que le pone feliz, evidentemente te dirá que sí.

Y, una vez que el niño reconoce esta sensación tan buena y es capaz de sentirla, entonces le podremos ayudar a buscarla en ellos mismos y en lo que les rodea. Éste sería el segundo paso.

Y, por último, cuando ya son mayores y ellos son capaces de reconocer perfectamente que es lo que les cambia el estado del ánimo, cuando se sientan tristes sabrán negociarse su estado de ánimo por ellos mismos.

Es frecuente que las opiniones de los niños no son tenidas demasiado en cuenta por los progenitores o adultos de su entorno, ¿Qué importancia tiene la escucha y el respeto de las aportaciones de los más pequeños en una familia?
Lo que quizá la familia y los adultos no sepamos es que cuando no tenemos en cuenta la opinión de los niños estamos atentando contra un artículo de los Derechos del Niño, concretamente el artículo 12. Éste dice que:Los Estados partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio y el derecho a expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño en función de la edad y la madurez.

El niño tiene derecho a ser escuchado y a expresar su opinión y los adultos, sin embargo los adultos nos pasamos los derechos del niño por donde queremos. Se ha comprobado que en la mayoría de los países del primer mundo las opiniones de los niños no se tienen en cuenta o cuando se tienen en cuenta, la mayoría de las veces se consideran opiniones de segunda.

Yo creo que a los niños hay que tenerlos en cuenta desde pequeñitos y debemos de respetar y escuchar atentos sus opiniones, así lo indica la Convención de los Derechos del Niño. No dice que se les haga caso pero sí que tienen derecho a opinar y nosotros como adultos debemos de escucharlos.


La escucha tiene mucha importancia porque es la base de su autoestima y seguridad.
Un niño escuchado y cuya opinión es tenida en cuenta será siempre un adulto con una fuerte autoestima y con mayor seguridad. Una persona que sabe que es escuchada y sabe que con su voto puede cambiar las cosas le va a proporcionar mucha seguridad en la vida.

Por lo tanto, la escucha tiene una importancia muy grande porque es la base de la autoestima y de la seguridad.


¿Cuáles son los principales errores que cometen los padres a la hora de educar a un niño que pueden derivar en problemas en el desarrollo personal del niño?
Uno de los principales errores es el desequilibrio que existe entre la importancia que hoy se le da al cuerpo sobre la mente. La mayoría de los padres priorizan el cuidado del cuerpo del niño a la mente. Actualmente, lo que sucede es que le damos mucha importancia al cuerpo: que el niño vaya lavado, que coma muy sano, que duerma en la cama con el mejor colchón, etc. Y, todo esto está muy bien, no digo que no se tenga que hacer esto, pero a veces hay que equilibrar y priorizar otras cosas. Pongo un ejemplo: priorizar el que el niño se coma un día una manzana frente al disgusto que le dan porque le obligan a comer la manzana no siempre es la mejor opción. A esto me refiero cuando digo que dan prioridad al cuerpo sobre la mente, poniendo éste por encima de sus sentimientos.

Y lo que yo digo es que lo mejor es que haya un equilibrio entre las dos cosas. El niño tiene que comer verduras y cosas sanas, claro que sí, pero si un día resulta que el niño no quiere verdura y vais a montar un follón en casa, le vas a castigar… eso no te merece la pena. Hay ocasiones en las que es bueno dar prioridad a la mente frente cuerpo. El niño no se va a morir por no comer un plato de verdura y sin embargo todo el mal rollo que genera el obligar a comérselo sí puede dejarle secuelas.

En demasiadas ocasiones los padres priorizan el cuerpo, que está muy bien, pero a veces, ante la duda, valdría más la pena priorizar la parte psicológica que la parte física.

Hay que saber ceder y guardar el equilibrio. Priorizar el cuerpo a la mente, con un niño completamente sano, no siempre es lo mejor. Muchas veces no se tienen lo suficientemente en cuenta los sentimientos de los niños.

Suele ser bastante común en la sociedad actual que los niños reciben constantes premios en forma de regalos materiales por cosas que entran dentro de sus responsabilidades diarias, ¿En qué consiste y qué consecuencias tiene el “síndrome del niño hiperregalado”?

No es el síndrome del niño hiperregalado, es el síndrome de los padres hiperregaladores. Siempre hacemos quedar mal al niño y no creo ni que sea verdad, ni justo.

Un niño de 1-3 años no es un niño hiperregalado. Hay gente que tiene un niño de tres meses y que para Reyes ya le traen la moto. Así que el problema es del padre, no el niño.

Un niño de 1 año no te ha pedido 26 juguetes para Navidad. Muchos padres quieren suplir con sus hijos lo que ellos no tuvieron y les regalan mil cosas que el niño ni siquiera le ha pedido. Por regla general lo niños no suelen pedir tantas cosas. Así que es hora de dejar de culpar al niño y hablar con propiedad. El que tiene un síndrome es el padre, no el niño.

Y la otra parte de la pregunta, la de recibir regalos materiales por cosas que entran dentro de sus responsabilidades diarias a mí me gusta.

Creo que es bueno que los niños reciban regalos por cosas normales. No por cada cosa que hagan, pero sí de vez en cuando por hacer bien sus responsabilidades diarias.

Yo, por ejemplo, cuido de mi familia y de cuando en cuando, sin que venga a cuento aparece mi marido con un ramo de flores y, me da un beso y me dice para la mujer más guapa del mundo, por cuidarnos tan bien. Y a mí eso me encanta. Simplemente he cumplido con mi responsabilidad del día a día, pero me encanta que me reconozcan mi trabajo, a mí y a cualquier persona, a los niños también. Que un día mis hijos lleguen a casa y me traigan un detallito, una simple flor y me digan que soy la mejor mamá del mundo… claro que no he hecho nada más especial que el simple hecho de cumplir con mis responsabilidades diarias, pero ese detalle por sorpresa a mí eso me encanta.

 El dar un regalo por cosas normales es algo a lo que nos tendríamos que acostumbrar todos.

No confundamos esto con el chantaje: -si haces la cama te doy después un chupachús; o acaba tu tarea y tendrás después un juguetito… No, eso no. Pero de cuando en cuando coger y por sorpresa cuando llegue del cole hacerle su tarta favorita y decirle: “te he hecho esto porque eres el mejor hijo que una madre puede tener”, o “porque llevas una semana bañándote solito”, o “porque haces no sé qué cosa”.

Decirle al niño de cuando en cuando lo bien que lo está haciendo y acompañarlo de un detalle, eso es maravilloso y gusta a todo el mundo. El recompensar las cosas normales me parece bien, sin abusar.


En cuestión de educación, suele darse el hecho de que los padres refuerzan aquellas materias donde el niño flojea más. Esto es, si el niño es un genio en educación física pero le van mal las mates lo que suele hacerse es ponerle un profesor particular de matemáticas, cuando muchos expertos advierten de que lo provechoso sería hacer justo lo contrario. 
¿Qué debemos hacer para ayudarles a sacar lo mejor de ellos?

Hay que hacer las dos cosas. Es importantísimo fomentar aquello en lo que el niño es bueno, porque no tenemos tantos talentos en este mundo y si no fomentamos lo que los niños pueden dar de sí, aquello en lo que ningún otro hará se perderá ese talento. Hay que fomentar aquello que al niño se le da bien porque niños que sepan sumar tenemos muchos pero niños que sean funambulistas no hay tantos.

Creo que debemos de fomentar el don que tenga cada niño, pero cuando hablamos de la escolarización obligatoria también hay que reforzar aquellas áreas en las que el niño no llega a los mínimos. ¿Por qué? Porque si no llega a esos mínimos establecidos el niño se puede encontrar en el futuro con muchos problemas. Pero una cosa es reforzar porque el niño no llega al límite y otra cosa es aquellos padres que dicen mi hijo saca ochos y le voy a poner un profesor de refuerzo para que saque dieces. Eso último es fastidiar al niño.

A mi me gusta recordar que antiguamente, en la época de mi madre, cuando veían que un niño era muy movido la gente le decía a sus padres, -éste te va a salir futbolista. Y las madres lo que hacían era darle una pelota para que saliera a jugar a la calle al balón. Por el contrario, cuando veían a un niño que era más tranquilo lo que se decía es que iba para notario y las madres lo que hacían era dar al niño más libros para que leyeran más. Esto era así de sencillo.

Ahora no. Los padres de ahora cuando tienen un niño movido en vez de darle un balón lo apuntan a yoga y, cuando tienen un niño al que le encanta leer y es más tranquilo en vez de regalarle más libros lo que hacen es que lo apuntan a fútbol porque el niño tiene que socializarse y hacer más deporte.

Entonces, resulta que aquel niño que iba para futbolista nunca será un buen futbolista porque no le has dejado practicar; tampoco será un gran maestro de yoga porque le has obligado a practicarlo de pequeño y odiará el yoga para el resto de sus días. Y, por el contrario ese niño tranquilo que estaría la mar de bien leyendo y que quizás de mayor sería un gran literato no podrá leer ni la mitad de lo que quiere y encima odiará el fútbol. Y eso es lo que estamos consiguiendo ahora.

 

Recuerda que, si te ha gustado lo que has leído nos ayudas mucho si lo compartes en tus redes sociales y nos regalas un me gusta en nuestra página de facebook (www.facebook.com/PequeMundo.es)

@PequeMundo_es

 

Consulta otros artículos de tu interés en nuestro apartado de Crianza y Apego

Otras entrevistas a Rosa Jové:

“El apego seguro es una vacuna que protege al niño de muchas enfermedades mentales”

“Las sillitas de pensar sólo funcionan en la tele”

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.

*