Rosa Jové: “Una férrea disciplina siempre tiene secuelas y consecuencias en el futuro”

Rosa Jové

En su constante defensa por el respeto a la infancia Jové no se cansa nunca de compartir sus conocimientos sobre cómo cuidar a los hijos para lograr una crianza feliz. Jové nos acompaña en el camino que como padres debemos de recorrer al lado de nuestros hijos haciéndonos muy conscientes de que: “Cuando se hace una cosa para alguien, hay que tener en cuenta a ese alguien”.

Mientras el niño no tenga lenguaje la forma de gestionar su estrés es a través del cuerpo de sus padres, a través de un abrazo, un mimo, unas caricias. El niño gestiona su estrés en base al contacto y al amor que recibe

Defensora a ultranza del amor en las relaciones familiares y de la bondad natural de los niños para una mejor crianza, en su libro La crianza feliz dice cosas tan simples y reveladoras como que: “Debemos de tener la capacidad de defender nuestro modelo de crianza en contra de modas pasajeras y fomentar el respeto hacia todos los miembros de la familia: ningún miembro debe sentir miedo de hablar, de expresarse o de pedir lo que necesita pues ha de tener la seguridad de que va a ser escuchado y respetado”.

Y continúa: “ Para conseguir todo esto es importante cambiar el paradigma de la crianza y el concepto de la infancia que se tiene. Aún arrastramos la idea de que los niños son como pequeñas fierecillas salvajes que tenemos que domesticar contradiciendo sus acciones erróneas. Pues no. ¡Somos humanos! ¡Por amor moveríamos el mundo! Fomente el amor en su familia y sus hijos se desvivirán por hacer feliz la vida a los demás miembros de la misma”.

Sobre las dificultades de comunicación cuando los hijos inician su etapa adolescente, sobre las diferentes etapas que se atraviesan en la crianza, sobre los estados emocionales, la sexualidad y muchas cosas más hemos hablado en esta entrevista que os dejamos a continuación. ¡Leed y disfrutad!

Una de las frustraciones más grandes para padres e hijos es la falta de entendimiento entre ambas partes, que dependiendo de qué edad tengan los hijos puede acarrear unas consecuencias determinadas, ¿qué podemos hacer los padres para tratar de empatizar con los hijos?

Lo primero es practicar la empatía con todo el mundo no sólo esperar a tener hijos para empezar a practicarla. Se puede comenzar a trabajar la empatía desde pequeños y, de hecho, es muy recomendable hacerlo desde que los niños van a la escuela. Si ésto se ha hecho siempre, cuando los niños lleguen a ser padres tendrán mucho más fácil el hecho de ser empáticos con sus hijos.

Sin embargo, si no hemos trabajado la empatía en la vida, con 50 años seguro que te cuesta más. Incluso la cuestión de tener un hijo o no tenerlo será indiferente en estos casos. Quiero decir, el hecho de que desde pequeños nuestros padres nos enseñen a ser empáticos, que lo vivamos desde la escuela, es algo que va fenomenal para cuando tengas hijos porque tendrás un gran bagaje hecho. La empatía no es más que saberse poner en el lugar de otros. A veces simplemente es decir por qué mi hijo ahora quiere hacer una determinada cosa, o por qué mi hijo ha elegido o ha decidido esto otro. Se trata de intentar hacer las cosas siempre desde el lado del niño.

¿Cuáles pueden ser las principales consecuencias de la falta de entendimiento entre padres e hijos?
En última instancia siempre es la separación emocional. Al principio puede haber un rechazo de los hijos a los padres. Cuando hijos y padres entran en peleas continuas: porque tú no me entiendes; tú no me entiendes a mi; tú no haces nada por entenderme, etc., puede acabar en un final definitivo de las discusiones.

Puede suceder que ya no se peleen más porque se ha producido un distanciamiento emocional y, entonces, ya no merecerá la pena discutir más. Es muy frecuente que cuando los adolescentes están muy quemados dejen de pasar tiempo en casa. Y la respuesta de los padres a esa situación suele ser recriminar esta actitud con frases como: esta casa parece un hotel y sólo vienes a comer y a dormir. Sí, para no pelearme dice el adolescente. Entonces acaban los conflictos y las peleas constantes, pero el niño deja de estar en el hogar. Y aquí se producirá este distanciamiento emocional del que hablo.

¿A partir de qué momento las consecuencias de una falta de comunicación entre padres e hijos pueden ser irreversible?
A mí me gusta ser optimista y pensar que siempre hay una solución. Si no una solución que mejore la relación al 100%, sí al menos una que mejore la situación aunque sea de forma parcial. Hay familias muy rotas que quizás no puedan volver a tener ese rol de familia alegre, pero al menos se pueden saludar y mantener una relación cordial.

Yo creo que siempre se puede hacer algo. ¿A partir de qué momento la falta de comunicación pueden ser irreversible? Esto va a depender de cada uno de nosotros. Hay gente que aguanta mucho y hasta que no pasa una cosa grave, no sucede nada. También hay otros que por una tontería encienden el interruptor que hace el click y, a partir de ese momento, ya no habrá vuelta atrás.

Te voy a poner un caso real que me encontré una vez y que ejemplifica muy bien lo que quiero decir. La historia es de una mujer que ahora ya es mayor, pero cuando vino a la consulta me comentó que en una ocasión, cuando era adolescente, su padre había dejado agua en el suelo del baño y cuando ella fue a entrar detrás de su padre casi se cae. Cuando salió del baño le dijo a su padre que tuviera más cuidado y que recogiera el agua cuando la hubiera derramado porque había estado a punto de caerse. Y el padre en vez de admitir su equivocación o descuido y dar la razón a lo que la hija le había dicho optó por una frase a la defensiva: lo que tienes que hacer es ir con más cuidado y si te caes es culpa tuya.

Esta chica me explicaba que desde aquel instante nunca más volvió a ver a su padre con los mismos ojos de siempre. Este ejemplo sirve para ver como hay personas que aguantan más y otras menos, pero desde el momento en el que haces clic, la cosa no volverá a ser igual.

¿Pueden hacer algo los padres cuando el cambio depende del adolescente y éste no quiere poner nada de su parte?
Pienso que sí, que siempre hay algo que se puede hacer. Cuando un adolescente no colabora lo que se tiene que hacer básicamente es establecer comunicación. A veces los puentes se rompen y no hay comunicación entre una orilla y la otra. Es fundamental establecer este puente para que se pueda hablar.

Los padres debemos construir y reconstruir los puentes de comunicación con nuestros hijos.

A veces el adolescente llega a casa y empieza a relatar una serie de sensaciones que ha tenido en su día o excusas sobre algo que ha pasado: es que el profesor…, es que los deberes… cualquier cosa, y el adulto antes de dejarle expresarse por completo ya está con la escopeta cargada para gritarle o responderle de mal humor antes, incluso, de dejarle acabar. Esta situación lo que va a provocar es que llegue un momento en que el niño ya deje de hablar.

Lo que el adolescente piensa es que si cada vez que me quejo de algo tú me tiras la caballería encima, mejor no digo nada. Por ello yo creo que es muy importante reconstruir de nuevo esta comunicación. Dejar que el adolescente se exprese, aunque no te parezca bien lo que te esté contando. Debemos dejarles hablar y tratar de hablarles también nosotros. Empatizar y compartir con ellos lo que nos ha sucedido en nuestro trabajo en nuestro día, para que el adolescente sea participe también de nuestra vida. Entablar una comunicación: ¿sabes lo que me ha pasado a mí en el trabajo? O: cómo te entiendo porque a mí mira lo que me ha pasado.

Tenemos que hacer un esfuerzo grande y establecer la comunicación con los adolescentes porque es la base para que volvamos a hacer muchas cosas y hay muchas, demasiadas, comunicaciones que están rotas y muy averiadas.

Desde hace décadas se dan en nuestra sociedad dos modelos de relación entre padres e hijos. Por un lado están quienes fijan una clara barrera de separación entre la figura paternal y la de los hijos y, por otro lado, están aquellos que quieren saber tanto de sus progenitores que tratan de convertirse en sus mejores amigos, ¿se puede ser padre y amigo a la vez?
Si lo puedes conseguir es óptimo. Si puedes ser padre y además amigo, es genial ¿Qué más quieres? El problema es que hay un rol que puede interferir con el otro y es muy importante tener muy claro qué rol utilizas en cada momento. Otra cosa no menos importante es tener claro que como madre o padre, aunque seas amigo de tu hijo, no conocerás todos sus secretos.

A principios del siglo pasado mi abuela explicaba que ella a su padre tenía que hablarle de usted y no se le podía molestar cuando llegaba a casa, tampoco se le podía contar los problemas que tenía, etc. Este rol era de la madre. Pero esos eran otros tiempos y otros roles. Hoy en día estas educaciones tan machistas, afortunadamente, están obsoletas y lo mismo pasa con estas ideas de que los padres no pueden ser amigos de sus hijos. ¡Claro que pueden! 

Los padres y las madres pueden y deben ser amigos de sus hijos. Lo que no pueden olvidar nunca es su trabajo y su rol de padres.

Cuando los niños son pequeños es habitual escuchar a los padres decir como desean que crezcan y se hagan mayores para que cesen los llantos y las rabietas, a veces por cosas que difícilmente tienen solución (ej. Niño llorando y gritando en la bañera porque quiere que le sequen dentro de la bañera, cosas así). Y, cuando los hijos han crecido estos mismos padres suelen añorar aquellos años en los que el mayor problema a resolver con sus niños eran esas pequeñas cosas que ahora se tornan hasta graciosas, ¿qué etapa supone más dificultad para la educación de los niños?
Es cierto. Esto suele ser bastante habitual. Podríamos empezar diciendo que los padres deben de ser conscientes de que aunque no lo crean, la crianza también termina. Y esto es tan real como que la vida pasa y sin apenas darte cuenta tus hijos han crecido tanto que ya están para casarse. Yo a los padres les diría que tienen que aprovechar cada momento.

Los padres tienen que vivir cada etapa lo mejor y más intensamente que puedan porque se pasa. Hay que vivir el día a día y tratar de ver la parte positiva de cada etapa. Porque todas las edades de los niños tienen cosas positivas: el cambiar un pañal, el darle de mamar, el enseñarle a andar, el contarle un cuento, las primeras palabras…

A los padres les diría que disfruten de cada instante, de cada cosa, de cada momento. Que lo vivan con intensidad y con conciencia porque eso pasa y ya no lo vuelves a ver. Si te vas tres años de casa, si desapareces cuando tienes un niño de dos años y vuelves cuando ya tiene cinco, te habrás perdido unas etapas y una serie de vivencias que no las podrás volver a recuperar. Es importante que los padres piensen eso. Que aprendan a ver las cosas buenas y también las cosas malas de cada momento.

Todas las etapas de la crianza tienen cosas buenas y cosas malas. Hay dos grandes momentos en la crianza. Un primer momento, cuando el niño es muy pequeño y tiene alrededor del año y medio o dos años y el pequeño depende absolutamente de sus padres. Es una etapa que a los padres se les puede hacer muy pesada por la gran inversión en tiempo y en cuidados. Y, un segundo momento que es cuando el niño ha crecido y es más independiente, suele ser alrededor de los diez años. Aquí los padres dejan de quejarse porque haya que bañarlos o cambiarles el pañal o darles de comer, estas cosas con diez años los niños las hacen solos.

Sin embargo, los padres tienen otras preocupaciones: qué amigos tiene, los estudios, etc. ¿Cuál es más difícil? Pues hay padres que llevan mejor la primera que la segunda, mientras que otras familias llevan mejor la segunda que la primera y también están los que no llevan bien ni la primera ni la segunda. Y, lo deseable es que todos llevaran bien las dos etapas.

¿Es importante una buena gestión de “conflictos imposibles” para evitar conflictos futuros?
Si, por supuesto. Es fundamental, de hecho es es la semilla de todo.   Cuando un padre no llega a tiempo de evitar un conflicto con su hijo¿debe reprimir esa rabieta o debe dejar al niño expresar su disconformidad con la situación libremente? Reprimir no. No hay que reprimir nada. El niño debe expresarse libremente. Lo que pasa es que esto es malinterpretado en muchas ocasiones. Hay personas que no reprimen pero dejan que el niño llore hasta que se canse.

Y hay una cosa que se llama el consolar, que está a medio camino entre el reprimir y el expresarse libremente hasta que se cortocircuite el niño. Si puedes consolar, ¡consuela! y terminas antes. Somos humanos y el consuelo es una de las cosas que nos caracteriza y nos diferencia de los animales. El problema es que los padres a veces van de un extremo a otro, es decir, o reprimen mucho o no lo hacen nada, y hay que encontrar una solución intermedia, como el consuelo.

¿Qué pretende el niño con estos conflictos tan desesperantes para los padres?
Con estos conflictos el niño no pretende nada. Un niño que estalla en un conflicto es simplemente un momento en que el niño se da cuenta de que quiere algo y sus padres quieren otra cosa diferente. El conflicto se da cuando hay dos deseos contrapuestos.

Por ejemplo: el niño quiere un chupachús y la madre le dice que no porque van a cenar. Otro ejemplo típico de conflicto infantil es cuando la madre quiere bañar al niño y éste lo que quiere es seguir jugando. Cuando los niños son pequeños no son capaces de entender qué es lo que quieren sus padres (la mayoría de las rabietas se dan entre los 2 y los 4 años y el cerebro del niño no está suficientemente preparado para entender todo lo que sus padres le piden). Lo que quiero decir es que un niño con dos años no sabe absolutamente nada de la dieta mediterránea, ni que sus padres no quieren que en su dieta se incluya azúcar, lo único que el niño sabe es que el chupachús está bueno y que su madre no le deja tomarlo.

Conforme vaya creciendo y haciéndose mayor entenderá que su madre no quiere que tome azúcar y entonces comenzará una negociación con la madre para que le deje tomar sólo uno, porque ya entiende el por qué a su madre no le gusta que tome el chupachús.

¿Se está forjando la personalidad del niño también a través de estas rabietas?
No. La personalidad del niño no se forja a través de ninguna rabieta, lo que pasa es que según gestionemos las rabietas estaremos enseñándole al niño maneras de gestionar los problemas, formas de actuar en su vida y otras cosas que sí influirán en su personalidad de adultos. Según cómo actuemos delante de una rabieta o ante un problema los niños aprenderán a desenvolverse de una determinada manera en su futuro.

A veces los padres leemos tanto que no hacemos caso al instinto natural y tratamos de aplicar lo leído tal cual aparece en los libros con nuestros pequeños.

Vivimos en la era de la información y a golpe de un solo clic encontramos cientos de informaciones y escritos sobre cualquier cuestión que nos preguntemos¿consideras que tanta información que se ha generado en los últimos tiempos en torno a una crianza pueda estar generando frustración en los padres o equivocaciones en la educación de los niños?
La posibilidad siempre está, pero a mí me gusta que los padres se informen. Lo que pasa es que la gente debería entender que una cosa leer y otra es creerte todo lo que lees y aplicar la teoría que has encontrado.

Mi consejo es que busquen información y que no se crean nada. Que estén informados y que cojan aquello que mejor les vaya a ellos. Aquella forma en la que tú, tu pareja y tu hijo os encontréis más cómodos será vuestra forma correcta de crianza. Porque hay tantos modelos de familias distintas y de hijos diferentes que no puedes aplicar lo mismo en un caso que en otro.

Lee, busca, investiga y haz aquello que os haga sentir bien a todos. Yo creo que ahí está el secreto.

Un ejemplo: a mi marido le educaron de una forma completamente diferente a como lo hizo mi familia conmigo. A mi marido y a su familia les fue estupendo y, a mí y a mi familia también nos fue fenomenal. Y nosotros hacemos una tercera versión con nuestros hijos. Y, seguramente mis hijos cuando formen su familia lo harán a su manera. Por lo tanto, la información no es mala si se tiene en cuenta que no hay una fórmula mágica aplicable a todas las familias, porque cada una es distinta y le funcionarán cosas diferentes.

¿Qué consecuencias puede tener en el desarrollo de personalidad del pequeño una estricta disciplina que conlleve la obligación del niño a realizar acciones impuestas por un adulto sin tener en contra de su voluntad?
Una estricta disciplina puede tener consecuencias, esto es así. Alguien que ha sido educado con una férrea disciplina cuando sea adulto será alguien incapaz de pedir un aumento de sueldo, o será una persona sumisa en su matrimonio, o alguien que a todo dirá amén y será incapaz de decir que no… Se ha comprobado que cuando los niños reciben una disciplina muy estricta no se atreven a ir en contra de la autoridad. Por eso, en los países donde hay dictaduras una de las cosas que se instaura primero es la obediencia de los ciudadanos.

Si tú a un ciudadano le obligas a que obedezca ciegamente, a la larga lo que estás haciendo es que sea un hábito. En los países con muchísimos años de dictadura nadie abre la boca y se pierde la frescura de poder expresarse libremente e incluso de poder rebelarse. Yo creo que utilizar una férrea disciplina con los niños siempre tiene secuelas y consecuencias en el futuro. Estoy convencida de que ésto es así.

¿Cómo se puede enseñar a un pequeño a gestionar emociones cuando los propios padres no son capaces de controlar su estado emocional ante sus hijos?
Si los estados emocionales de los padres no son muy alarmantes, entonces no pasa nada. Los hijos tienen que ver que su padre es de una manera y su madre de otra. Y diré más, los hijos son tan conscientes de que su padre y su madre son y sienten diferente que, incluso, son capaces de explicártelo. Lo veo cada día en mi consulta. Los hijos diferencian perfectamente que su padre y su madre tienen formas diferentes de sentir o de enfrentarse a los problemas y no pasa nada, no influye de forma negativa en los hijos. Si son episodios muy llamativos, evidentemente influirán en los niños, pero si no son muy llamativos no pasa nada.

Mientras el niño no tenga lenguaje la forma de gestionar su estrés es a través del cuerpo de sus padres, a través de un abrazo, un mimo, unas caricias. El niño gestiona su estrés en base al contacto y al amor que recibe. 

Cuando un niño pequeño se cae o se siente mal por algo, la forma que tiene de gestionar ese estrés es a través del cuerpo de sus padres. Y según el niño va creciendo, va hablando y va entendiendo se pasa a trabajar con las emociones. Comienza una etapa en la que los padres tienen que enseñar al niño a reconocer sus emociones y sus sentimientos. Ayudarle a expresar a través de la palabra su estado anímico y emocional. Una vez que ésto se ha conseguido el niño procurará hacer lo que sus padres le dicen para solucionar ese sentimiento.

Pero antes de que el niño tenga un lenguaje muy bueno, la única forma de gestionar su estrés somos nosotros y nuestro contacto físico. El proceso sería el siguiente: primero te enseño a que tú reconozcas cuál es el sentimiento que en un momento determinado está actuando sobre ti y, buscamos algo para contrarrestar ese sentimiento y hacer otra cosa.

¿Puede influir en los conflictos de los pequeños el estado emocional de los padres?
Dicen que en medicina y en psicología nunca se puede decir ni nunca, ni siempre. Hay veces que el estado emocional de los padres sí influye en los conflictos de los pequeños, pero es menos frecuente de lo que la gente se cree. La ansiedad, la depresión y este tipo de estados anímicos no son cosas que se pegan como la gripe.

Una madre tiene que estar con una depresión muy grande para que su hijo lo note o para que le afecte. Todos estamos estresados y alterados. La mayoría lo estamos, sobre todo en el primer año de vida de nuestros hijos, y no creo que esto influya sobre ellos.

¿Qué cosas debemos aprender los adultos de los niños para hacer de éste un mundo mejor?
De los niños tenemos que aprender tantas cosas… yo creo que lo principal que deberíamos aprender de ellos es su capacidad de perdón. Tú a un niño le castigas y al día siguiente te habla como si no hubiera pasado nada. Los niños tienen una capacidad de perdonar, increíble. De perdonar de verdad.

Todos los adultos deberíamos aprender a perdonar como perdonan los niños. Nosotros somos rencorosos, pero cuando el niño dice te perdono, te perdona y nunca más vuelve a sacar el tema. Pero también deberíamos aprender de los niños otras muchas cosas: la ilusión, la creatividad, las ganas de cambiar el mundo…   La cuestión de la sexualidad suele ser un tema complejo para los padres a la hora de tratarlo con sus hijos. Los niños de hoy están habituados a ver escenas de relaciones sexuales en cualquier serie de televisión y cada vez antes plantean cuestiones relacionadas con la sexualidad a sus padres.

¿A partir de qué edad un niño es capaz de entender la sexualidad de una forma responsable?
Yo creo que desde que nace. La sexualidad es una parte innata al ser humano y la tenemos como una cosa tabú y que los niños no pueden ver sexo. Sí pueden ver como se matan unos a otros, cómo se degollan o diferentes formas de torturas.

Los adultos podemos explicar alegremente a los niños que el lobo se comió a Caperucita, que los padres de Pulgarcito lo abandonaron en el bosque, pero no somos capaces de hablarles de que los padres de Pulgarcito tuvieron relaciones sexuales para tener siete hijos. Eso no lo explica nadie. Creo que somos nosotros, los adultos, los que hacemos de la sexualidad una cosa tabú. Y los tabúes siempre tienen efecto rebote. Si tú a un niño le explicas la sexualidad de forma natural, sin ningún tabú, los niños entenderán que aquello es algo normal y que no hacen los niños, que es cosa de los adultos, sin más vueltas.

Si habláramos de la sexualidad de una forma normal evitaríamos muchos problemas de después.

Hay niñ@s que desde una edad escolar temprana presentan conductas de sexualidad como por ejemplo masturbarse de forma natural sin darle la importancia o el significado que los adultos le damos, ¿cómo debe procederse en tales casos?
En el 99,9% de los casos este tipo de conductas son debidas a que el niño tiene ansiedad. Utilizan la masturbación como una descarga de su ansiedad. Es algo que les relaja y les hace sentir bien, sin más. No tienes que reprimir eso. Si reprimes la masturbación sin trabajar en el problema que hay detrás y que es lo que le provoca la ansiedad que le lleva a tener ese tipo de actuaciones, aparecerán otro tipo de conductas obsesivas y repetitivas. Lo que hay que hacer es trabajar la ansiedad, no prohibir esta conducta. Porque en el momento en que dejen de estar ansiosos no lo van a hacer.

Hay que trabajar en el problema de fondo de este tipo de conductas.   ¿Es importante actuar de forma directa para corregir este tipo de conductas o hay que dejarlas pasar?
Hay que dejarlas pasar porque a partir de los seis años suelen ser conductas que desaparecen solas, sin ningún tipo de intervención. Esto es así porque a partir de los seis años los niños tienen más mecanismos para gestionar su estrés y lo único que hay que hacer es tratar el origen. Si tú prohíbes la masturbación al final el problema saldrá por algún sitio, puede que sea en forma de cefaleas tensionales, o que le de por morderse las uñas, puede aparecer una úlcera de estomago, etc. Al final la ansiedad va a salir por algún sitio.

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